Galopar, visto desde fuera parece súmamente fácil. Cuando ves a alguien que sabe galopar, te da la sensación de que casi no hay que hacer nada. Solo sentarse y dejarse llevar. Y en cierto modo, es así. Pero el proceso hasta llegar a ese punto de sentarte y dejarte llevar, es lo complicado. No en vano, yo me he caído ya 2 veces del caballo.

Pero en cuanto coges asiento y te liberas del miedo, galopar es una gozada. Cuando estás arriba, solo piensas en el caballo, y te abstraes de cualquier otra pensamiento. Y entonces es cuando solo haces una cosa. Disfrutar.