De Murcia a Madrid y tiro porque me toca

Soy el perro de Pávlov

El que más o el que menos conocerá la historia del perro de Pávlov, en el que tras tocar una campana le daba de comer al perro, logrando con el tiempo que con tan sólo tocar la campana, el perro salivase. Lo que se llama estímulo-respuesta.

El caso es que me he convertido en mi propio perro de Pávlov, concretamente en la oficina y con la puerta que da acceso al backoffice y a los aseos. Dicha puerta tiene un pomo de metal (parecido al de la imagen) y en los primeros días en la oficina recibí una tanda de calambrazos cada vez que lo tocaba. Estímulos y respuestas que han conseguido que en una sola semana mi cerebro haya captado la idea.

Así que cada vez que voy a abrir la puerta, en el último momento me paro, temeroso del chasquido y termino abriendo la puerta con el dorso de la mano o los nudillos, donde estos calambrazos duelen menos.

Y así cada día. Es curioso ver como el propio cerebro asocia ese pomo a un pequeño dolor e intenta avisarme cada vez que voy a abrir la puerta.

Odio ese pomo.