Cada día paso unos 10 minutos en la estación de Autobuses, esperando al bus que me lleve a la Universidad. En ese tiempo me dedico a mirar a la gente que espera el autobús o que simplemente va de un lado para otro. La mayoría de ellos son jóvenes estudiantes o inmigrantes (magrebíes, latinoamericanos o africanos).
Hoy me he sentado a esperar, cuando han llegado dos patrullas de la policía nacional y se han puesto a pedir la documentación a todo inmigrante que se les cruzaba en el camino. Supongo que iban buscando a alguien ya que prácticamente solo se la pedían a sudamericanos, y a algún que otro magrebí. El caso es que de entre todos, han escogido a dos, un hombre y una chica, ambos sudamericanos, supongo yo que por falta de papeles. El hombre tenía una pinta normal, típica de un ecuatoriano, con 3 maletas enormes llenas. La chica, monísima, menor de 30 años y mejor vestida que muchas tias que salen un Sábado noche. Tras unos minutos hablando con el policía, y esperando a confirmaciones via radio, la chica empezó a soltar unas lágrimas, pero siempre dando la espalda al policia, como para que no viera que iba a llorar. Al final se los llevaron a los dos en el coche patrulla.
Al empezar a ver la escena, pensé lo típico: “Ale, un sin papeles al que le van a empapelar”, pero conforme iban sucediendo los acontecimientos, mi punto de vista fue cambiando. Sobre todo cuando en esos 10 minutos, y mientras los policias hacía comprobaciones para empapelar a la chica, pasaban por delante de ellos una decena de moros con una pinta de llevar un kilo de hachís en el culo, y otros tantos con cara de ir a violar a alguna jovencita, y ver que los policías pasaban olímpicamente de ellos.
Este tipo de cosas hacen pensar si es verdad que la justicia y las leyes son correctas o eficaces.