De Murcia a Madrid y tiro porque me toca

Mi primera San Silvestre Vallecana

Tras vivir mi primera San Silvestre Vallecana, solo puedo decir una cosa: no hay mejor manera de terminar el año que corriéndola.

El ambiente que se respira antes de la carrera y durante ésta, con gente animándote, es insuperable. No he corrido más que 2 carreras, pero supongo que no me equivocaré al decir que ésta es especial y que no tiene nada que ver con el resto.

Y es que 35.000 personas corriendo (muchísimas de ellas disfrazadas) dan a cualquier carrera un color especial. Y eso que todo el día 30 y la mañana del 31 estuvo lloviendo y se vaticinaba una carrera pasada por agua, aunque minutos antes de comenzar, el cielo se abrió.

La carrera

La altimetría de la carrera aseguraba una carrera plácida, por lo menos hasta el kilómetro 8, en el que llegaría la cuesta de Vallecas, 2kms mortales en los que perdería los 3 minutos que hice de más con respecto a la carrera del BBVA. Los primeros 8 kilómetros fueron muy bien para lo poco entrenado que iba, pero entonces llegó la cuesta de Vallecas y me entró la pájara. Bueno, el pajarón diría yo. El cuerpo, las piernas y la cabeza dijeron basta y sólo las batucadas que pusieron a mitad de ésta pudieron darme algo de fuerzas para terminar la carrera sin morir de paro cardíaco.

Al final, 53:18 a 5:19 el km quedando en el puesto 10.800 de 35.000. Para no haber corrido un solo kilómetro en los últimos dos meses, nada mal la verdad.

Como anécdotas, una mujer tardó unos 800 metros de carrera (4 minutos y pico) en explicarle a una tal Rosario que la llamó al móvil que estaba corriendo y que no podia hablar. Y luego, en la calle Serrano fue muy freak ver a Carmen Lomana animándome cuando pasé por su lado.

Resumiendo, espectacular. Espero que esta sea mi primera San Silvestre de muchas.

A poner la guinda al 2010

Llueve en Madrid pero eso no será impedimento para terminar el año como me propuse.

Feliz Nochevieja a todos y feliz 2011.

Felices fiestas y feliz 2011

2010 ha sido un gran año. El mejor, quizás. Dos grandes momentos así lo afirman: trabajar/vivir en Madrid y casarnos. Dos grandes sueños de esos que tienes en la lista to-do de tu vida y que tachas de un plumazo. Bueno, uno (el más importante) está aún por tachar y caerá dentro de 2011, pero apenas faltan 2 meses y medio y la alegría de poder contarlo fue en 2010.

Y unidos a ellos, un sinfín de pequeños grandes momentos con familia y amigos, que han hecho de este año uno de los más completos y felices que hemos vivido.

Gracias a todos los que lo han hecho posible y os deseamos que el 2011 sea un poquito mejor si cabe, algo nada complicado teniendo en cuenta que la boda eclipsará todo nuestro 2011.

Muchas felicidades a todos y un abrazo enorme.

Resumen de una despedida

Nota: para darle un poco más de teatrismo, leer con esta música de fondo.

Anuncias que te casas un 9 de Agosto y el día 10 ya empiezan a montarte la que será tu despedida de soltero. 4 meses después, te la cuelan doblada, te llevan al aeropuerto de madrugada, te ponen un vídeo con el que casi lloras y te meten en un avión a Milán. Y todo eso sin darte cuenta.

Acabas de ser OWNEADO con todas las letras y entonces es cuando te das cuenta que si, que es tu despedida. Y el resto os lo podéis imaginar. 3 vuelos, 3 países, 3 días. Muchas cosas que quedarán en Milán y París y que recordaremos cada vez que salgamos nos veamos.

Milan

París

Y vuelves a España, sin apenas dormir en los vuelos, dándote cuenta que has tenido lo que pensabas que nunca tendrías: una despedida de soltero brutal.

Poco puedo decir más que mil gracias chicos (y chicas complices).

PD: evidentemente, esto es tan sólo una pequeñísima parte de las fotos y vídeos del viaje. Gigas y gigas de material que nunca verán la luz… por nuestro bien.

Despedida Milan Paris

De Milan a Paris y tiro porque me toca.

Así despediré 2010

Sólo de verlo el corazón me sube de pulsaciones y las piernas me piden marcha. Y ni la lluvia, el frío o la nieve impedirán que despida el año de esta manera.

Mi primera popular de 10kms

Domingo. Suena el despertador a las 7:30 de la mañana, aunque llevas despierto desde bastante antes. Los nervios no te han dejado dormir tan plácidamente como hubieras querido, pero da igual. Estás nervioso y eufórico a la vez. Vas a correr tu primera carrera popular de 10 kilómetros. Parece una tontería pero es una pequeña meta que te pusiste hace no mucho para ver si eras capaz.

Te vistes y te vas a la calle. Por el camino vas encontrándote con otros azulones que seguro que notan en tu cara que eres un novato. Y es que cuando llegas al lugar de inicio y ves que hay miles de personas, los nervios aumentan. Poco a poco más y más gente se sitúa en el punto de partida. Y entonces oyes que empieza la carrera. 2 minutos después, arrancas tú y entonces te liberas. Empiezas a correr como si no hubiera mañana, sin controlar tu ritmo, tus pulsaciones o tus piernas. Sólo corres.

Varios kilómetros más allá te das cuenta de que has empezado muy fuerte y lo acusas cuando te encuentras la primera calle con pendiente. Pero aun así, vas a un buen ritmo. Conseguirás el tiempo que te has marcado con total seguridad, pero no aflojas. Las liebres te mantienen en el ritmo deseado, aunque tu ya no puedes mucho más. Piensas en lo que te queda, en lo que has hecho y en la gente que te adelanta. “Si ellos pueden, yo puedo” piensas. Y sigues.

Y entonces, cuando llevas 7,5 kilómetros en las piernas, llegan los peores 800 metros de tu vida. Una cuesta infernal que te destroza las piernas, que te hace pensar en la necesidad de estar sufriendo de aquella manera, que te pone las pulsaciones por encima de 190 ppm. Piensas en pararte, en descansar o incluso mandar ese sufrimiento a la mierda. Pero tu orgullo puede más que eso y sigues a un ritmo lento, pero sin pararte.

La cuesta acaba y aún te quedan casi dos kilómetros, que se te hacen eternos. Largos. Interminables. Pero ves la meta a lo lejos y aprietas los dientes. Sacas el último aliento que te queda dentro y pisas la meta. Ni te das cuenta del tiempo que has hecho. No te importa, ya que has logrado terminar ese infierno. Y te sientes tremendamente bien.

Ya más tranquilamente, miras el tiempo realizado y te das cuenta que, en tu primera carrera, has logrado un buen tiempo. 50min34seg que te colocan en la posición 2162 de 10.000 participantes. Sufrir has sufrido mucho, pero el sentimiento positivo que te queda es tan duradero como las agujetas obtenidas.

Y entonces te pones a mirar cuando es la siguiente carrera, para ver si puedes ser un poquito mejor. Y sueñas con correr algún día la marathon de NY, esa en la que puedes estar corriendo durante 5 horas consecutivas.

Algún día, quizás.